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Temas de interes, para reflexion y comentarios sobre la Policía Federal de Caminos, hoy Seguridad Regional.
"DISCIPLINA - LEALTAD - SACRIFICIO"
"PROTEGER Y SERVIR"
"PROTEGER Y SERVIR"
jueves, 14 de enero de 2010
SEGURIDAD VIAL
PONGO A SU CONSIDERACION LAS SIGUIENTES IMAGENES PARA LA PRESENTACION DE CURSOS DE SEGURIDAD VIAL, MUY UTILES CUANDO NO SE NOS PROPORCIONA MATERIAL DIDACTICO PARA DICHO FIN.
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NORMA Oficial Mexicana NOM-001-SSP-2008, Para la determinación, asignación e instalación del número de identificación vehicular
Es interesante saber como deben de ir designado la numeracion del VIN o NIV en español.
saludos, PULSA EL TITULO PARA REALIZAR EL ENLACE.
Cuida tu aguinaldo y tus cuentas bancarias, OTTO te enseña cómo.
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miércoles, 13 de enero de 2010
PREVENCION DE ASALTOS EN CARRETERA
¿El Uso de las Esposas es contradictorio a los Derechos Humanos?
¿El Uso de las Esposas es contradictorio a los Derechos Humanos?
¡NO!

Aunque no este regulado expresamente en la legislación nacional y en los reglamentos internos, no es contrario a los Derechos Humanos ya que tienen como principal objetivo:
Dar Protección a terceras personas.
Es una Medida de protección para el propio Policía.
Velar por la integridad física del presunto criminal hasta en tanto se pone a disposición.
En las NORMAS MINIMAS PARA EL TRATAMIENTO DE LOS RECLUSOS, Documento de Naciones Unidas (30 de agosto/1955)
Las esposas como camisas de fuerza, no deberán de utilizarse por mas tiempo del necesario.
NORMAS MINIMAS PARA EL TRATAMIENTO DE LOS RECLUSOS
Art.33.- Los medios de coerción tales como esposas, cadenas, grillos y camisas de fuerza nunca deberán aplicarse como sanciones. Tampoco deberán emplearse cadenas y grillos como medios de coerción.
¡NO!

Aunque no este regulado expresamente en la legislación nacional y en los reglamentos internos, no es contrario a los Derechos Humanos ya que tienen como principal objetivo:
Dar Protección a terceras personas.
Es una Medida de protección para el propio Policía.
Velar por la integridad física del presunto criminal hasta en tanto se pone a disposición.
En las NORMAS MINIMAS PARA EL TRATAMIENTO DE LOS RECLUSOS, Documento de Naciones Unidas (30 de agosto/1955)
Las esposas como camisas de fuerza, no deberán de utilizarse por mas tiempo del necesario.
NORMAS MINIMAS PARA EL TRATAMIENTO DE LOS RECLUSOS
Art.33.- Los medios de coerción tales como esposas, cadenas, grillos y camisas de fuerza nunca deberán aplicarse como sanciones. Tampoco deberán emplearse cadenas y grillos como medios de coerción.
Los demás medios de coerción sólo podrán ser utilizados en los siguientes casos:
a) Como medida de precaución contra una evasión durante un traslado, siempre que sean retirados en cuanto comparezca el recluso ante una autoridad judicial o administrativa;
a) Como medida de precaución contra una evasión durante un traslado, siempre que sean retirados en cuanto comparezca el recluso ante una autoridad judicial o administrativa;
b) Por razones médicas y a indicación del médico;
c) Por orden del director, si han fracasado los demás medios para dominar a un recluso, con objeto de impedir que se dañe a sí mismo o dañe a otros o produzca daños materiales; en estos casos, el director deberá consultar urgentemente al médico, e informar a la autoridad administrativa superior.
Art.-34. El modelo y los métodos de empleo autorizados de los medios de coerción serán determinados por la administración penitenciaria central. Su aplicación no deberá prolongarse más allá del tiempo estrictamente necesario.
Art.-34. El modelo y los métodos de empleo autorizados de los medios de coerción serán determinados por la administración penitenciaria central. Su aplicación no deberá prolongarse más allá del tiempo estrictamente necesario.
martes, 12 de enero de 2010
COMENTARIO
Saludos a todos aquellos valientes que dejan su vida por la muchos de nosotros los civiles,gracias a ustedes no esta tan perdido el mundo... algun dia formare parte de ustedes.
Anonimo.
Anonimo.
COMENTARIO
"VIDEO: POLICIA FEDERAL HEROES CAIDOS":
Muy buen video y si, muchos de nosotros estamos con ustedes, duele mucho perder a un ser amado por favor no se rindan y no caigan en la corrupcion, tienen el apoyo de toda esta familia.
Anonimo.
Muy buen video y si, muchos de nosotros estamos con ustedes, duele mucho perder a un ser amado por favor no se rindan y no caigan en la corrupcion, tienen el apoyo de toda esta familia.
Anonimo.
domingo, 10 de enero de 2010
Esta página es muy buena www.recordslogin.com sirve para verificar titulos de vehiculos americanos, licencias americanas, si alguna persona tiene algún record en estados unidos, propiedades americanas, un sin fin de información solo pagas una cuota de 40 dolares de por vida y ya.
Comisaria de sector 024 chihuahua
Comisaria de sector 024 chihuahua
-- Enviado desde mi Palm Prē
sábado, 9 de enero de 2010
EL POLICIA
Un policía debe ser una mezcla de todos los hombres:
un Santo y un pecador,
un diablo y un Dios.
Es al mismo tiempo el más buscado y el menos deseado entre los hombres. Es un ser extraño al que se le llama señor de frente y perro por la espalda.
Debe ser tan diplomático que pueda mediar en un altercado entre dos individuos haciendo creer a cada uno que él ha ganado.
Si el policía está bien vestido es un "fresa"; si su forma de vestir es descuidada, es un "albañil". Si es agradable, es un "resbaloso", si no lo es, es un sangron. El policía debe ser capaz de sostener una pelea con dos hombres más fuertes y más jóvenes que él sin dañar su uniforme y sin ser brutal. Si consiguen pegarle es un menso, si es él quien pega, es un prepotente. Tiene que tomar una decisión en un instante, cuando la misma
cuestión le llevaría varios meses a un abogado.
Tiene que ser el primero en llegar al lugar de un accidente y dar un diagnóstico de lo más preciso. El policía tiene que devolver la respiración, cortar la hemorragia, entablillar una articulación y sobre todo asegurarse de que la víctima vuelve bien, indemne a su casa.
El policía debe ser un experto en el manejo de las armas de fuego. Tiene que ser capaz de sacar su arma a la carrera y alcanzar al objetivo allí donde no la haga un mal grave, a continuación explicar exhaustivamente por qué ha disparado.
Un policía debe conocer todo y saber de todo...Pero decir nada. Tiene que saber dónde se cometen todos los pecados del mundo pero no hacer ninguno.
Tiene que partir de un solo cabello, describir el crimen, el arma del crimen, el nombre del culpable y dónde se le puede encontrar. Si él le encuentra, es un afortunado sino, es un "inútil". Si es ascendido, tiene que conocer a alguien de alto nivel, si no lo es, es un "zoquete".
El policía debe seguir un pista hasta el final, trabajar jornadas completas para encontrar un testigo que ha visto todo... pero que niega acordarse. Escarba en los dossieres* y escribe informes con el fin de establecer una prueba infalible que será destruida por "sabios colegas".
Debe ser: UN SACERDOTE, UN TRABAJADOR SOCIAL, UN DIPLOMÁTICO, UN DURO, UN CABALLERO. Y sobre todo, tiene que ser un genio, pues tiene que mantener una familia de manera irreprochable... Si no obstante, vive lo suficiente para ver a sus hijos crecer.
He aquí un individuo al que pocas veces se le llama AMIGO.
*Dossieres: Conjunto de documentos o papeles referentes a algún asunto especifico.
(Artículo traducido de la revista de la Sección Francesa de Internacional
Police Association I.P.A.)
Sin embargo:
"EL POLICÌA DE CAMINOS ERA EL SUEÑO DE UN NIÑO,

"EL DESEO DE LAS MUJERES"

Y "LA ENVIDIA DE LOS HOMBRES"

y sino digame honestamente si miento.
un Santo y un pecador,
un diablo y un Dios.
Es al mismo tiempo el más buscado y el menos deseado entre los hombres. Es un ser extraño al que se le llama señor de frente y perro por la espalda.
Debe ser tan diplomático que pueda mediar en un altercado entre dos individuos haciendo creer a cada uno que él ha ganado.
Si el policía está bien vestido es un "fresa"; si su forma de vestir es descuidada, es un "albañil". Si es agradable, es un "resbaloso", si no lo es, es un sangron. El policía debe ser capaz de sostener una pelea con dos hombres más fuertes y más jóvenes que él sin dañar su uniforme y sin ser brutal. Si consiguen pegarle es un menso, si es él quien pega, es un prepotente. Tiene que tomar una decisión en un instante, cuando la misma
cuestión le llevaría varios meses a un abogado.
Tiene que ser el primero en llegar al lugar de un accidente y dar un diagnóstico de lo más preciso. El policía tiene que devolver la respiración, cortar la hemorragia, entablillar una articulación y sobre todo asegurarse de que la víctima vuelve bien, indemne a su casa.
El policía debe ser un experto en el manejo de las armas de fuego. Tiene que ser capaz de sacar su arma a la carrera y alcanzar al objetivo allí donde no la haga un mal grave, a continuación explicar exhaustivamente por qué ha disparado.
Un policía debe conocer todo y saber de todo...Pero decir nada. Tiene que saber dónde se cometen todos los pecados del mundo pero no hacer ninguno.
Tiene que partir de un solo cabello, describir el crimen, el arma del crimen, el nombre del culpable y dónde se le puede encontrar. Si él le encuentra, es un afortunado sino, es un "inútil". Si es ascendido, tiene que conocer a alguien de alto nivel, si no lo es, es un "zoquete".
El policía debe seguir un pista hasta el final, trabajar jornadas completas para encontrar un testigo que ha visto todo... pero que niega acordarse. Escarba en los dossieres* y escribe informes con el fin de establecer una prueba infalible que será destruida por "sabios colegas".
Debe ser: UN SACERDOTE, UN TRABAJADOR SOCIAL, UN DIPLOMÁTICO, UN DURO, UN CABALLERO. Y sobre todo, tiene que ser un genio, pues tiene que mantener una familia de manera irreprochable... Si no obstante, vive lo suficiente para ver a sus hijos crecer.
He aquí un individuo al que pocas veces se le llama AMIGO.
*Dossieres: Conjunto de documentos o papeles referentes a algún asunto especifico.
(Artículo traducido de la revista de la Sección Francesa de Internacional
Police Association I.P.A.)
Sin embargo:
"EL POLICÌA DE CAMINOS ERA EL SUEÑO DE UN NIÑO,
"EL DESEO DE LAS MUJERES"
Y "LA ENVIDIA DE LOS HOMBRES"
y sino digame honestamente si miento.
viernes, 8 de enero de 2010
INSOLENCIA...

En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: "Ya van a ver cuando llegue papá". Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar.... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse… De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa" o "escuchar cuando los mayores hablan".
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié "las reglas" mediante el sano y excitante proceso de la "travesura" que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente.
La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.
Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había "travesuras" sin "castigo", y una enorme cantidad de "reglas" que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un tonto, si me lo permite).
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba. Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.
Le explicaré: Justicia, porque "el que las hace las paga". Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado.
Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.
Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.
El mal de nuestra sociedad es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios:
- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo todos... Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un bote de basura. Si no hay un bote de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.
Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada. Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa…
Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.
¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: "Ya van a ver cuando llegue papá". Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar.... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse… De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa" o "escuchar cuando los mayores hablan".
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié "las reglas" mediante el sano y excitante proceso de la "travesura" que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente.
La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.
Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había "travesuras" sin "castigo", y una enorme cantidad de "reglas" que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un tonto, si me lo permite).
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba. Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.
Le explicaré: Justicia, porque "el que las hace las paga". Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado.
Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.
Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.
El mal de nuestra sociedad es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios:
- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo todos... Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un bote de basura. Si no hay un bote de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.
Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada. Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa…
Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.
¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?
jueves, 7 de enero de 2010
Mueren dos federales de caminos en choque


nota periodistica
Los hechos se registraron a las 23:45 horas de ayer miércoles, sobre la carretera Miguel Alemán en el kilómetro 21 en el municipio de Apodaca
Apodaca, NL.- Dos elementos de la Policía Federal de Caminos perdieron la vida luego de estrellar el automóvil en que viajaban contra un camión urbano.
Los hechos se registraron a las 23:45 horas de ayer miércoles, sobre la carretera Miguel Alemán en el kilómetro 21 en el municipio de Apodaca.
Viajaban en un auto tipo Sentra sin placas de circulación, a exceso de velocidad y estaban asignados al área del Aeropuerto Internacional.
Ellos fueron identificados como José Filomeno Rangel Tiznado de entre 20 a 25 años de edad; y su compañero José Andrés Moreno Hernández de 23 años, quien fue llevado de urgencia al Hospital Muguerza y falleció una hora y media después.
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