"DISCIPLINA - LEALTAD - SACRIFICIO"


"PROTEGER Y SERVIR"

viernes, 16 de septiembre de 2011

DESFILE DEL 16 DE SEPTIEMBRE 2011

las familias no pasan filtros de seguridad. Ni pagan por ver. Sólo es cuestión de acomodarse sobre banquetas, sentados o de pie, y disfrutar el desfile de soldados y marinos que, inflados sus pechos, agradecen el piropeo y siguen su marcha sin perder el ritmo de su firmeza. Surgen requiebros, asimismo, al paso de mujeres uniformadas que taconean y se dan tiempo para sonreír. Marchan piquetes de la Policía Federal y sus modernos equipos, que de igual forma reciben flores. Y charros, charras, charritas y charritos, que hacen retozar sus caballos y lanzan besos. “¿Y éstos qué?”, pregunta una voz discordante, ante una mayoría festiva. “¿Qué no es un desfile militar?”, cuestiona el visitante, quien insiste y se burla de la cabalgata que él considera una rancia herencia. Pero ellos a lo que van. Y sonríen y hacen florituras, como las practicadas por muchachas de piel rosada, quizá por el sol que irradia y el bochorno que campea, situación que aparenta no importar a los presentes, durante este desfile en el que las fuerzas armadas muestran su poderío, mientras escuadras de aviones cruzan el espacio aéreo, similares a cardúmenes de escuálidos, cuyas figuras relampaguean en rascacielos de Paseo de la Reforma. Nada parecido, nada, a lo que rodeó el Grito de Independencia, lanzado la noche anterior por el presidente Felipe Calderón, pues aquí las multitudes, incluso, antes y después del desfile, podrán treparse a tanquetas, lo que emocionará a chicos y grandes. Alrededor del Ángel de la Independencia, mientras tanto, aguarda una docena de tanquetas. Padres aprovechan la oportunidad para subir a sus chamacos, imitados por jovencitos y jovencitas, quienes abrazan cañones de calibre 90. Las tanquetas, de un matiz que simula camuflaje, están equipadas de armamentos de largo alcance, como 32 granadas y un tubo fumígeno, mismo que, en caso de urgencia, eructará la materia para lograr ocultarse; dos ametralladoras 7.62, para lo que sea necesario, pero sólo para enfrentar una guerra. Estos vehículos “tácticos”, explica un operador, son utilizados para las prácticas realizadas en terrenos abiertos, situados en Chihuahua. El soldado, orgulloso y sonrisa de por medio, permite a los chamacos escalar su vehículo e incluso acepta sin remilgos posar para la foto. Y más gente se agolpa en camellones de Reforma y alrededores, que el discordante ciudadano considera de los pocos espacios “que no están en manos de particulares” y que la gente puede disfrutar sin pagar nada, sobre todo las personas que no tienen acceso a espectáculos y zonas de diversión disparatadas. Otro ejército se mueve sobre Juárez y Reforma, éste conformado por vendedores de tacos de canasta, de máscaras de luchadores, tlacoyos y sombreros, que en pocas ocasiones se les presentan momentos de tierra fértil donde se concentran miles de consumidores potenciales y frente a los cuales también ofrecen sillas de 60 pesos por la alquilada. Mujeres con aspecto de clase media, asimismo, vienen a divertirse y de paso a lucir sus figuras, algunas de ellas con bebés en brazos, e incluso a veces hacen coro y aplauden y corren tras la caravana. Entre éstas se encuentran tres familias, las Garrido Sánchez, Aceves y Palacio, quienes, directos de Azcapotzalco, trajeron una pequeña carpa y la desplegaron cerca de la Glorieta de la Palma, bajo la cual disfrutan sándwiches caseros, refrescos y café adquirido en un Starbucks de la esquina. Y más aplausos y piropos, y más puñados de confetis rociados al paso de oficiales y soldados, como si éste fuera un día de gloria, compartido por Fuerzas Especiales y el Agrupamiento de Fusileros Paracaidistas —entre otros cientos

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